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EDITH NASSAU

La primera vez que estuvo nuevamente en Alemania, le dio vergüenza, porque se sintió bien, cuenta Edith Nassau. La auténtica westfaliana (oriunda de la provincia de Westfalia) está sentada en el sofá en la sala de descanso de la casa cuatro del hogar de ancianos con su delantal rosado y piensa por un largo rato. «Me sentí como si no hubiera estado afuera nunca.» Y eso que hace media eternidad que vive en la Argentina. La voluntaria sigue siendo totalmente westfaliana. Incluso conservó el dialecto.

© Tim Hoppe

© Tim Hoppe

«Tengo demasiados recuerdos, no son buenos recuerdos.»

El 9 de diciembre nace en la ciudad de Dortmund con el nombre de Edith Gumbert y se cría en Brambauer y Lünen. «Eso es todo Westfalia, la region del carbón», explica. Aunque aún era muy joven se acuerda claramente de la toma de poder de los nazis. «Tengo muchos recuerdos», dice, «no son buenos recuerdos“.

Con nueve años vive los primeros pogromes. A ella y a los otros niños judíos los echan de la escuela y cierran los negocios judíos. También el negocio del padre. Cuando Edith vuelve a su casa de la escuela los nazis están parados delante de la puerta y no la quieren dejar entrar. «Y allí empecé a llorar » y dije «¡si yo vivo aquí!».»¡ Qué!»dijeron, «¿tu eres una niña judía? Pero no tienes en absoluto un aspecto judío». Eso son esas cosas de las que una se acuerda, dice. Aunque Edith al día siguiente puede volver a la escuela y también los padres pueden volver a abrir el negocio, la familia Gumbert desde ese momento vive permanente con miedo.

Los nazis también se lo quieren llevar a su padre

Las primeras olas de detenciones acentúan esos sentimientos. La familia Gumbert sabe que a los hombres judíos los llevan a campos de concentración y muchos son asesinados, cuenta ella hoy con sus 74 años, «pero en lo de nosostros no pueden subir». El dueño de la casa no es judío. No le permite a los de la Gestapo entrar en la casa. Una vez más tienen suerte. «Nunca olvidaré como tocaron el timbre, y tocaban y tocaban». Hasta hoy a Edith Nassau le dan escalofríos en la espalda.

Los Gumbert no quieren ver el desarrollo de las cosas sin reaccionar. Ya muy pronto toman la decisión de dejar Alemania. En 1933 para empezar el padre de Edith vende su negocio y transfiere 10.000 marcos a Palestina, para poder emigrar hacia allí. Ya estaba todo arreglado con su hermano. También él quiere ir a Palestina con su familia, pero luego escribe, que no va a ir con él porque Hitler ya se va a ir pronto. Edith Nassau recuerda como su padre pierde la cabeza y en 1934 compra un negocio grande de zapatos en Lünen. «¡Sí, que tontería!». Hoy casi no puede creerlo. La familia luego se muda a Lünen, «pero las cosas van de mal en peor y luego tuvimos que vender el nuevo negocio también». Cuando termina el colegio Edith va a un colegio de jardinería y economía doméstica judío en Ahlem, cerca de Hannover para prepararse para la emigración. Tiene 14 años.

Entretanto los padres habían decidido emigrar a la Argentina con la Jewish Colonization Association (JCA). Al poco tiempo el padre consigue los documentos y sin embargo la familia tiene que esperar porque solo son tres. Para poder emigrar con la JCA el grupo tiene que ser mas grande. Y así le piden al otro tío, el hermano de la madre, que los acompañe. «Pero el hizo cosas necias, habló, diciendo cosas contra los nazis». A razón de ello lo detienen y es deportado a un campo de concentración. Siempre tuvo mala suerte con los familiares, como si en ese momento hubiera estado una especie de maldición. Solo el hijo del tío emigra con ellos. «Pero sus padres y sus hermanos murieron todos en el campo de concentración». Ese es el triste balance que hace hoy.

Todos están felicísimos y llenos de angustia al mismo tiempo

El 11 de Agosto de 1939 finalmente llega el momento. Con el buque «Antonio Delfino» parten del puerto de Hamburgo, «para así decirlo con el penúltimo buque», según lo recuerda. Todos están felicísimos y llenos de angustia al mismo tiempo porque cuentan con el estallido de la guerra en cualquier momento. Cuando el buque «Antonio Delfino» abandona las aguas europeas, los 150 judíos de a bordo ya se ven a salvo, pero cuando arriban a Pernambuco en Brasil, comienza la guerra. La compañía de navegación quiere mandar a los judíos de vuelta a Alemania pero los judíos alemanes de Brasil les ayudan. Edith Nassau en ese momento tiene 17 años y entendió perfectamente la situación, dice. «Ya no era una niña pequeña.» Ella sabe: «los judíos Alemanes del Brasil nos salvaron».

Plagas de langostas, sequía y luego demasiada lluvia

La vida en el campo en Entre Ríos es dura, ante todo para los padres. Plagas de langostas, sequía y luego demasiada lluvia impiden un progreso. «Si no teníamos idea de la agricultura». Pero Edith y los otros jóvenes sin embargo se divierten. «Hacíamos bailes y escuchábamos el todadiscos.», recuerda hoy y tiene que reírse. «No nos quedaba otra cosa» que arreglarnos con la nueva situación».

Luego de vivir un año en el campo, va a Buenos Aires. Como muchas otras también, trabaja en la casa de una familia de muy buena gente y manda dinero a su familia, porque las cosechas seguidamente son malas. Después de tres años Edith Gumbert vuelve al campo porque tiene tanta nostalgia. Se casa. Sin embargo sigue teniendo estrechas relaciones con los patrones de Buenos Aires. «Me trataron como a una hija». Poco tiempo después le mandan una carta diciendo «que quieren darle trabajo a mi marido. Bueno, entonces nos fuimos a Buenos Aires.»

«En el fondo soy alemana»

Cuando muere la madre, Edith trae a su padre a la ciudad. De allí en adelante él trabaja para la Asociación Filantrópica (AFI). Y es así como ella establece el contacto.
Hasta ahora siente estrechos lazos con la AFI, también porque su padre fue muy bien cuidado en los últimos meses de su vida en el Hogar Adolfo Hirsch. Ella también tiene el plan de venir al hogar, cuando ya no pueda vivir sola. ¿A qué otro lugar?. Aunque ya vive una mediana eternidad en la Argentina, ella se creó una pequeña Alemania propia. Es amiga exclusivamente de Alemanes, con sus hijos habla alemán y desde hace siete años trabaja durante dos días a la semana en el hogar de ancianos para los judíos de habla alemana en la Argentina. Aún cuando los recuerdos de su viejo país sean tan deprimentes, «en el fondo soy alemana».

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