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LIZZI LOBSTEIN

¿Dónde está Lizzi Lobstein? Nadie lo sabe exactamente. ¡“La vi la semana pasada en el comedor del hogar!“, dice una señora. „No, yo creo que actualmente está de vuelta en Vida Linda. ¡Una gran mujer, tiene que conocerla sin falta!“

© Tim Hoppe

© Tim Hoppe

Lizzi Lobstein es un espíritu inquieto. La dama de 93 años necesita por una parte la independencia que le brinda su departamento en el edificio de Vida Linda en Belgrano por otra parte, ama la tranquilidad y el parque de San Miguel. Y así vive a veces aquí y a veces allá y no puede decidirse. Pero la falta de decisión no es la característica que marca a esta mujer.

Independencia es la palabra justa

La vienesa de nacimiento opina que ya es viejísima y dice que en realidad ya no tiene derecho de vivir. Sin embargo tiene muchos planes. Actualmente escribe una novela que tiene mucho que ver con su propia larga vida.

„Jesús, ¿usted también es un judío?“

Siempre fue independiente. Por ejemplo nunca le dio importancia a la religión. „Nosotros éramos gente muy asimilada“. Y con la palabra nosotros habla de su familia. Que la familia fuera judía eso no lo sabían los clientes del padre que comerciaba con artículos de relojería. Más tarde, cuando también los judíos vieneses tuvieron que usar la estrella judía, le dijeron: „Jesús, ¿también usted es un judío?

„Sabíamos que se nos movía el piso bajo los pies“

De joven Lizzi tenía solo un deseo. Quería escribir. Primero trabaja para un escritor como secretaria. Luego escribe para el periódico Neue Freie Presse (nueva prensa libre). Más tarde es periodista para teatro y cine. Además escribe reportajes con temas sociales y a través de ello se entera mucho del clima político en el país. Después del cierre de la redacción a menudo va con los colegas a la Dalmatinische Weinhalle (Bodega Dálmata) para charlar sobre la situación. „Sabíamos que se nos movía el piso bajo los pies“.

„Yo tuve muchas dificultades con la aclimatación“

Pero Lizzi emigra antes de que sea demasiado tarde. Su novio ya había viajado antes para su compañía y pide una llamada para ella. En 1936 baja de a bordo del buque Neptunia en Buenos Aires y „mi novio tuvo que casarse conmigo en cuanto bajé del buque, porque cundía la trata de blancas en ese momento“. Llevaba puesto un sombrero de terciopelo negro, su máquina de fotos y la máquina de escribir, „porque tenía que hacer reportajes“. Eso es lo que se había propuesto. Pero todo resulta diferente. „Tuve muchas dificultades con la aclimatación. Las mujeres eran como caza libre. Una mujer decente ni siquiera podía salir a las diez de la mañana sola por la calle Corrientes“. La Argentina, para Lizzi Lobstein, era un mundo extraño y diferente.

Hace venir a sus padres a este mundo extraño. Y si bien no pueden llevar nada con ellos y ya son bastante ancianos, a diferencia de su hija se acostumbran bastante pronto a su nuevo pago. Están muy contentos. En cambio Lizzi Lobstein: „siempre quería volver, porque añoraba tanto a mi trabajo“. Recién luego de muchos años, cuando los hijos ya son grandes, vuelve a escribir. „Escribía casi todas las semanas un reportaje para el Argentinisches Tageblatt que en aquel entonces era un diario importante.“ Hoy ya no escribe. Ese diario ya no va a existir dentro de poco, vaticina. „Todos estamos en vías de extinción! Cada aviso fúnebre en el Tageblatt significa un grupo de lectores menos.“

Ve que en Alemania y Austria aún hay mucho nazismo

A su alta edad llegó a la conclusión, y con eso coincide con el Fausto de Goethe al que recita fácilmente de memoria: «El pequeño dios del mundo es siempre el mismo y es tan caprichoso como el primer día. Viviría un poco mejor si no le hubieras dado la luz del cielo. Él lo llama razón y solo debe ser más animal que cualquier animal „. Con eso quiere decir que ve que en Alemania y en Austria aun hay mucho nazismo. „Aunque mi padre siempre decía con su hermoso alemán- checo, ‚una tontería como esa no puede durar mucho‘“. Y sin embargo ella sigue teniendo un fuerte lazo con su antigua patria, sobre todo con la cultura y el idioma alemán. Por eso no puede imaginarse de ir a vivir a un geriátrico argentino. „¡Necesito la comodidad alemana!“. Y ama el parque del Hogar Adolfo Hirsch y sabe que puede llevar allí a su perro.
No, en realidad ya se ha decidido. Su última estación va a ser el Hogar Adolfo Hirsch. En algún momento. Hasta entonces vive a veces aquí, a veces allá. Es un espíritu inquieto.

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