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Liselotte Brummer

Lilo, como la llaman sus amigas, es una dama alta y apuesta. Con sus 90 años aún vive en su departamento en Belgrano en una casa originaria de una época en la cual no había edificios de altura que le quitaran la luz a la gente. Belgrano se ha vuelto su segunda patria. Pero el pasado también está presente. El interior, todos los muebles son de Alemania. Alemania en Belgrano, Buenos Aires.

© Tim Hoppe

© Tim Hoppe

Lilo Brummer de niña y adolescente era rubia y no correspondía en absoluto a la imagen nacionalsocialista de una judía típica. Eso le facilitó la vida en Alemania nazi, según dice. En realidad nunca la molestaron – sí, una vez en su ciudad natal, Schweinfurt. Recuerda: tenía un amigo judío con el que un día se quedó charlando en la calle. Un nazi se enfrentó con ella y le preguntó por qué ella siendo una joven alemana estaba charlando con un judío. Ella le contesto que también era judía. „Con eso se terminó el tema“ dice Lilo Brummer secamente pero con una sonrisa en la cara. Pero este incidente no la dejó fría.

Lilo Brummer no quiere dejar Alemania sin los padres

Ya de pequeña la niña Lilo es influenciada por su padre socialdemócrata. Pero el padre muere cuando ella tiene12 años, antes que su postura política hubiera podido serle peligrosa. De haber vivido en Schweinfurt, la vida hubiera sido muy difícil. Poco tiempo después Lilo se muda con su madre y su hermana a la ciudad de Augsburg a la casa de su padrastro, donde termina sus estudios escolares en 1932. Luego estudia enfermería para recién nacidos en un hospital en Berlin. En esa época la familia debate cada vez más seguido el tema de la emigración. Su hermana Ilse se va en forma temprana a la Argentina, dado que su marido tiene u an primo que le envía una llamada. Poco tiempo después su hermana le manda una llamada. „Pero era difícil conseguir una llamada para mis padres porque no nos habían adoptado“. Lilo no quiere dejar Alemania sin los padres. „No sabíamos dónde emigrar“. Mi padrastro siempre decía que no tenía sentido emigrar a países limítrofes. Había leído „Mein Kampf“ y sabía „ese hombre lleva a cabo lo que quiere. Tenemos que ir lejos“. Finalmente en 1938 la hija emigra sin los padres. Pero muy a disgusto, según lo recuerda. „Bueno, yo fui donde estaba segura, pero mis padres – le tenía miedo al futuro.“ Hoy puede sonreír sobre las preocupaciones de aquel momento. Cuando estalla la guerra los padres pueden salir de Alemania y viajan via Chile a Buenos Aires. „A Dios gracias sobrevivimos todos“, dice con la cara radiante.

„Ah, Gracias a Dios Ud. no es nazi“

Comienza su nueva vida despreocupada. „Luego de tres semanas en Buenos Aires me casé“. Ríe cuando reflexiona lo temeraria que era. El contacto con alemanes judíos para ella siempre fue importante. La comunidad judía y la Asociación Filantrópica desde el principio siempre tuvieron un papel fundamental en su vida. También el trabajo en el Hospital Alemán y en las casas privadas le ayudan para aclimatarse. Se acuerda de un puesto en especial. „La mujer era Austríaca, su marido italiano. Un buen día me pregunta: enfermera, cuándo quiere su día libre? Y yo le digo, „si me puede dar libre en una de las fiestas judías“. „Y ahí me dice: „Ah, gracias a Dios que no es nazi“ y yo le digo “Lo mismo pensé de Ud.““ Se ríe cuando piensa que muchas veces en el curso de su vida creyeron que era nazi. Pero ella es judía de puro cepo y tan relacionada con la AFI que su hijo siempre le dice que vive para la Asociación Filantrópica. Desde hace 36 años viaja a San Miguel, dos veces por semana. Le da asistencia al dentista y visita a los residentes que reciben pocas visitas. Al principio su motivación fue completamente egoísta. Calculó que trabajando como voluntaria en el Hogar Adolfo Hirsch alguien se ocuparía de su madre en Alemania cuando fuera el momento. Porque la madre tuvo que volver a Alemania a raíz de su enfermedad asmática y vivió allí hasta el fin de sus días en un geriátrico. Entretanto en lugar del egoísmo se formó un afecto muy grande. „Le tengo mucho cariño. Y recibo mucha gratitud. Y me gusta hacerlo“. Y se ha propuesto seguir trabajando hasta su 90 aniversario. „Mi hijo siempre dice: „Mami, si no vas mas al hogar, vas a envejecer mas rápido“. Y aparentemente quiere permanecer joven. Se queda pensativa, ríe y añade “ prefiero ser obediente“.
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