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JUAN FRÄNKEL

De repente le sobrevino una sensación de pánico

Cuando Juan Fränkel viajó a Alemania mucho tiempo después del fin de la segunda guerra mundial y llegó al aeropuerto de Stuttgart, un empleado de aduanas le preguntó: „Y Ud. de dónde viene con estos baúles?“. En ese momento lo invadió una sensación de pánico. „Volví a ver delante de mí a aquel hombre de la SS“.

© Tim Hoppe

© Tim Hoppe

Verano de1938, en el puerto de Hamburgo: Están por subir al vapor que los va a llevar a la Argentina, cuando de repente un hombre de la SS les impide el paso. Un conocido que acompañó a la familia al vapor, en el último momento le colgó unos prismáticos pidiéndole que se los lleve a un familiar en Buenos Aires. „Yo ya tenía unos prismáticos encima. Y en esa época había que declarar todo.“ Advirtiendo esto, el hombre de la SS le dice, „¿De dónde traes esto? ¿Está declarado?“

Juan Fränkel esta sentado en su sillón, un poco absorto y cuenta cómo ante esa situación tuvo un miedo terrible de que sus padres viajaran sin él. En ese momento se acercó un empleado de aduana y le dijo al hombre de la SS: „Hombre, déjelo en paz“. Poco más tarde la familia Fränkel deja Alemania por tiempo indefinido. Juan recuerda muy precisamente, que sintió alivio y también desamparo, „porque sabía que estábamos yendo a un lugar donde no teníamos a ningún familiar. Estábamos completamente solos“. Toda su familia se quedó en Breslau.

„Judío, ve a Palestina!“

Juan nació en Breslau el 8 de Marzo de 1923. Sus padres lo llamaron Hans Theodor. Aquí vive hasta su emigración y vive la experiencia del nazismo. „En Breslau era sumamente fuerte“ recuerda Juan Fränkel. „El jefe de policía, un cierto Heines, incluso llegó a ser famoso. Junto a Roehm y otros super nazis fueron fusilados por la gente de Hitler“. Desde primer grado fue a una escuela judía. En la escuela superior tampoco lo admiten porque es judío. Se acuerda de los insultos en la calle, que los niños le gritaban „Judío, vete a Palestina“. Y añade: „Así era en aquel tiempo“, como si tuviera que explicarlo.

Que lo hayan atacado por su religión, eso lo entendió perfectamente

Siempre se preguntó, de dónde sabían los chicos, que él era judío. Porque en ese momento los judíos aún no tenían que prenderse la estrella judía en la ropa. El hecho de que lo insultaran por su religión, eso sí, lo entendía perfectamente, porque los padres hablaban ya desde el principio del tema de la emigración. Pero no podían dejar Alemania, porque la abuela estaba en un hogar de ancianos. „No la queríamos dejar sola“. Para ellos, sionistas convencidos, la meta estaba clara todo el tiempo: era Palestina. Cuando muere la abuela, ya no hubo nada que impidiera la emigración. Pero sólo consiguen visas de tránsito para el Paraguay. Allí, según el plan oficial, el padre iba a trabajar como campesino. Se ríe, porque su padre hasta 1936 era el director de la sucursal de la „Deutsche Bank und Diskontgesellschaft“ y más tarde del banco judío Ivria. Tiene que reírse mientras lo cuenta. Imaginarse a ese hombre montado sobre un tractor, era para él totalmente absurdo. El padre tuvo que dejar dinero como garantía en el consulado de Hamburgo, asegurando que él, su mujer y su hijo no se quedarían en la Argentina.

Al llegar a Buenos Aires la familia tuvo suerte, porque el barco que tenía que llevarlos al Paraguay, ese día no salió. Por lo tanto se quedaron en Buenos Aires y „en el año 1940 mi padre consiguió que nos legalicen la estadía.“ Pero hasta ese momento la familia vivió dos años muy difíciles. Si bien la Asociación Filantrópica apoyó a la familia Fränkel, Juan, como se llama desde ese momento en adelante, no pudo seguir yendo al colegio. Tuvo que ganar dinero y comenzó a trabajar como cadete en un negocio de fotografía. Ganaba bien. Por entonces su madre muere después de años de sufrimiento debido a un cáncer. Un duro golpe para el joven de 17 años. Poco después aprendió el oficio de electricista en el que trabajó toda la vida, „se puede decir día y noche“ con la misma compañía.
Se integró muy rápidamente en la comunidad alemana judía, también a través de la Asociación Filantrópica. Es socio desde hace 54 años.

„A mí me gusta estar aquí, tengo contacto con la gente y trato de ayudar“

Al jubilarse, se preguntó qué hacer con su tiempo. No quería estar únicamente en la casa y enervar a su mujer. Quería hacer algo práctico. „No para ganar dinero sino para hacer algo, realizar algo“. Y ahí le vino la idea de ir como voluntario a San Miguel. Fue una buena decisión. „El trabajo me da satisfacción. Me gusta estar aquí. Tengo contacto con la gente y trato de ayudar“. Ya desde hace cuatro años.
El contacto con otros judíos alemanes siempre fue para él muy importante. Oficialmente sigue siendo alemán. „Alemán re-nacionalizado“, como lo describe. Pero emocionalmente es judío. „Soy un judío consciente y un sionista consciente“. Sin embargo ha estado en Alemania muchas veces como turista. Hoy miedo ya no tiene, „pero la cautela queda de alguna manera“.

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