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ILSE SMILG

Ilse Heinriette Lina Jordan, nacida el 9 de Septiembre de 1929 en Berlín, vive una aventura, una verdadera aventura cuando deja Hamburgo con su madre en Abril de 1937. De allí en adelante quieren vivir en la Argentina junto al padre. Éste ya había viajado un año antes para organizar la emigración de su pequeña familia.’

© Tim Hoppe

© Tim Hoppe

La travesía con el buque francés es una gran diversión para la niña de siete años. Hay muchos niños judíos a bordo con los que puede jugar. Festejan juntos Pessah y además está la fiesta del Ecuador donde baila con un joven francés con el que se había hecho amiga. Para Ilse no hay razón para estar triste.

Hoy, casi 70 años después, está sentada en la sala de estar en su departamento en Berlgrano y sospecha que en cambio para sus padres la emigración debe haber sido terrible. En ese momento no se lo imaginó. Recién desde que es adulta entiende recuerdos que surgen a veces.

«Entonces entraron nazis y lo golpearon»

Ilse Smilg ahora entiende porqué su madre tuvo el herpes zóster (culebrilla) una semana antes de que el padre viajara por adelantado a la Argentina y ella tenía que viajar con la madre a Alta Silesia a la casa de los abuelos. La primera vez que la pequeña Ilse se dio cuenta que algo cambió en su vida fue cuando gente desconocida vino a su departamento bello y grande en Berlin-Charlottenburg y la empleada le dijo: «vienen a ver el departamento.» Ilse Smilg cuenta que en ese momento estaba fuera de sí, «¿quién quiere venir a nuestro departamento? preguntó y no entendió la respuesta. No podía entender porqué los padres no habían hablado con ella acerca de las circunstancias y de sus planes. Posiblemente hayan pensado que así no preocuparían a la niña. Ilse Smilg se acuerda de la liquidación que hicieron los padres. «Afuera había una larga cola de gente que después compraron nuestras cosas, y la policía también estaba. Eso me quedó grabado en la memoria,» dice y piensa un largo rato pero no se le ocurre nada más. Ella cree que el boicot a los negocios judíos fue el motivo para la emigración. «Creo que fue en 1933, pero no estoy segura. Era un día en el que todos los negocios judíos tenían que cerrar. Mi padre no cerró y entonces entraron los nazis y lo golpearon.» De eso se entera mucho más tarde, cuando ya hace mucho tiempo que es adulta.

¿Si fue víctima de la eutanasia?

Vacila un rato y cuenta que había un tío en Neiße que mentalmente no estaba bien del todo. «No se hablaba abiertamente de eso. Cuando estuvimos en Neiße a veces venía de visita por el fin de semana. Yo era demasiado joven como para darme cuenta de mucho. Creo que estaba en un sanatorio. Según lo que sé, eso le sucedió porque los nazis le golpearon. Si ya antes había algo, no lo sé.» Ilse Smilg reflexiona un largo rato y luego cuenta qué difícil fue para los abuelos seguirlos a la Argentina porque a ese tío no le dieron un permiso de entrada en ningún país del mundo. Tampoco la Argentina quiso recibirlo. Cuando los abuelos finalmente decidieron viajar fue casi imposible conseguir un visa para ellos. «Pero después de que mi padre durante dos años iba al ministerio día por medio pudo conseguir una llamada y mis abuelos pudieron emigrar.» Uno de los tíos se escapa via Cuba a los EEUU y «el otro tío pereció», cuenta. Hasta hoy no se sabe nada preciso. ¿Si fue víctima de la eutanasia? Le gustaría saberlo. Pero tampoco después de 1945 se habló de eso, por lo menos en su presencia. Un triste capítulo de su historia familiar.

«Su madre no permite que esté sentada al lado de una judía.»

Menos dramáticos son sus propios encuentros con el antisemitismo pero que sin embargo se le grabaron a la pequeña Ilse. Vuelve a verse a si misma sentada en una escalera en su escuela en Berlin delante de la clase esperando, mientras que los otros niños tienen clases de religión. «Eso fue en cierta manera ‚sentirse diferente‘.» Más tarde en Neiße va a la escuela del estado y junto con ella van otros niños judíos. «Y un día me dijo la niña que estaba sentada al lado mío que la madre no le permitía estar sentada al lado de una niña judía». Esos fueron los únicos recuerdos negativos, dice y sonríe apenas. Ilse Smilg es una mujer extremamente tranquila y seria. Sus ojos a veces se ven tristes y pensativos.

Para la moderna familia berlinesa eso es completamente incomprensible

Cuando Ilse baja junto a su madre del buque en Buenos Aires en abril del 1937 para ella lo más importante de todo es volver a ver a su padre. Hasta ese momento no tiene una idea de su futuro. «En la Argentina comprendí la situación enseguida. Llegué y no sabía una palabra de español.» Inmediatamente al día siguiente los padres la inscriben en el colegio Pestalozzi. Después que su madre la acompaña el primer día de clase a la escuela, ella debía volver sola a su casa con un cartel colgado del cuello donde estaba escrita su dirección. «Mis padres eran muy europeos y yo iba siempre sola a todos lados». Para ella eso era normal. Menos normales eran las condiciones de vivienda en la casa chorizo en la que compartían de a tres dos habitaciones, un patio y una terraza. «Eso era más bien una terraza con vivienda y no una vivienda con terraza», dice y se ríe. En esa típica casa argentina no hay agua caliente. Para la moderna familia berlinesa eso es completamente incomprensible. «Mi padre había alquilado ese departamento cuando aún estábamos en Alemania y ni se le había ocurrido que podía existir una vivienda sin agua caliente. Entonces mi madre tenía que calentar el agua sobre el fuego.»

Ilse juega con los otros niños de la casa sin poder entenderse con ellos. «Cuando me preguntaban algo o me decían algo yo siempre decía solamente sí. Y si luego me miraban raro, yo decía no. Y si volvían a mirarme con cara rara, yo decía sisi», dice Ilse Smilg y vuelve a reírse.

Durante el primer año en el colegio Pestalozzi casi no aprende el español. «La mayor parte de los niños entre sí hablaban alemán y teníamos solamente una clase de español por día». Pero como el colegio Pestalozzi a la larga es demasiado caro para la familia Jordan, Ilse cambia de colegio y va a una escuela del estado. De allí en adelante habla cada vez más español. «También mis padres trataban de hablar español conmigo.» Con los abuelos sigue hablando alemán.

Ahora viven de a cinco personas en dos habitaciones

«Visto desde hoy, a mis padres la emigración los echó fuertemente para atrás», dice y se pone pensativa. Sus padres nunca fueron ricos, «pero siempre les iba bien. Podían irse de vacaciones, podían permitirse de ir al teatro». Los abuelos que en Neiße poseían un «negocio grande» tuvieron que dejar todo atrás. «Vinieron con solo tres valijas. Y a ellos también había que alimentarlos.» Ahora viven de a cinco personas en dos habitaciones. Ilse duerme en el cuarto de los padres. „Era todo muy estrecho», dice. «Si pienso en ello hoy me doy cuenta de lo difícil que fue para ellos. En ese momento no me di cuenta de mucho.» Que a los padres les iba económicamente mal, para la pequeña Ilse era algo normal, «porque todos los inmigrantes en nuestro barrio estaban más o menos en la misma situación.»

Es una chica del lunes

El contacto con los otros inmigrantes judíos hasta hoy es muy importante para ella. Ya de niña va a la colonia judía Avigdor en Entre Ríos para pasar las vacaciones en la casa de una familia judía. Y por eso ya desde temprano tiene contacto con la Jewish Colonization Association. Naturalmente que también tiene contacto con la Asociación Filantrópica, ya porque su posterior marido, José Smilg hace muchos años que está en la comisión directiva de la Asociación. Desde que la química se jubiló en 1994 ella es una chica del lunes. «Me agarró fuerte», dice y se pone muy alegre, «¿Cómo se dice en alemán? Es hat mich gepackt.» Ha hecho amistades y ya por eso le tomó mucho cariño a San Miguel. «Cuando vamos de viaje siempre le digo a mi marido, salgamos recién el miércoles, así puedo ir a San Miguel.»

«Más tarde estuvimos muchas veces en Alemania, pero vivir allí. ¡No!»

Viajan a Israel a menudo porque una de sus dos hijas vive allí con su familia. También viajaron a Alemania, aunque a ella eso en los años 60 le hubiera parecido imposible. «Nuestro primer viaje común fue en 1963. Entonces dijimos «No, Alemania no.» Bueno, después estuvimos muchas veces en Alemania, pero vivir allí. ¡No!». Cuando están de viaje por el mundo se siente como argentina, ¿pero en la Argentina? Lo piensa un rato. Luego dice, «En la Argentina – digámoslo así: le estoy muy agradecida al país por lo que hizo por nosotros pero creo que en mi manera de pensar no soy argentina». No tiene amigos argentinos. «Prácticamente todos nuestros buenos amigos son alemanes judíos». El tema de la emigración por eso siempre está presente de alguna manera. Pero puede reflexionar todo lo que quiera y también hablar de ello, cómo fue la emigración para sus padres realmente, de eso no se va a enterar más.

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