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EVA LEWIN

„Yo era muy ingenua. En realidad no entendí todo eso. Todo se me vino encima“. La vida en general y la huída de Alemania – Eva Lewin siempre tomó las cosas como venían. El resultado de eso para ella – la berlinesa de 88 años nunca lo cuestionó.

© Tim Hoppe

© Tim Hoppe

Hoy la viuda vive en una habitación doble en el Hogar Adolfo Hirsch y no se siente contenta. Pero tampoco se le plantea la cuestión del contento, ni qué hablar de la felicidad.

Nació en Poznan (Posen en alemán) y creció junto a sus hermanos mayores en Berlín-Friedrichshain. „Así que soy berlinesa“. Reflexiona un poco, „soy más berlinesa que otra cosa“. Lo dice con ese típico dialecto berlinés ligeramente cortante y sigue con su relato: La familia vivía una vida humilde completamente normal. El padre era comerciante de pieles en un corral de ganado y la madre se ocupaba del hogar. Todo completamente normal.

Durante un tiempo incluso le gustaba ver esos desfiles

Para ella también eran normales desde principios de los años 30 los desfiles nazis en Friedrichshain. Durante un tiempo incluso le gustaba ver esos desfiles, „pero luego nos dimos cuenta, qué clase de gente era“. Recuerda cómo los nazis y los comunistas se peleaban a muerte mutuamente en la Hamburger Strasse. A estos primeros recuerdos de la oscuridad social inminente, se le sumarían otros tantos en el curso de los próximos meses.

Deciden casar a las hijas

Así fue como tras de la toma de poder de los nazis su hermano, que trabajaba en Tietz (una cadena importante de grandes tiendas) fue despedido. Terminado su aprendizaje, ella al principio trabaja en un salón de sombreros. Pero un buen día su jefe desaparece de la noche a la mañana. También él es judío. „A mí y a las otras chicas judías nos echan acto seguido“. No es ella, sino son sus padres los primeros que hablan de la emigración. Deciden casar a las hijas, para que todo sea más fácil para la emigración. Mientras su hermana mayor se rebela con éxito contra esa decisión, Eva se somete a ese destino. Los padres se ocupan de que ella llegue a conocer a través de una asociación filantrópica judía a un joven judío al que en ese momento ella todavía no podía amar, pero al que pudiera aceptar. Junto a este hombre en el fondo tan desconocido, parte de Alemania nazi en octubre de 1938 por el puerto de Hamburgo.

Al final el viaje incluso fue „su mejor tiempo “

Por suerte no tuvo que vivir la así llamada noche de los cristales. El hermano, que con la ayuda de la Jewish Colonization Agency ya vivía en la Argentina, le había mandado los documentos necesarios, porque necesitaba urgentemente ayuda en el campo. Pero Eva Lewin no podía evaluar lo que le esperaba. No sintió tristeza. En ese momento Alemania para ella ya no era importante. Pero cuando sube a bordo del buque con su marido y sus padres, tiene miedo de que la emigración por alguna razón no pudiera llevarse a cabo. A su marido por un pelo lo detienen por una máquina fotográfica, pero al final todo va bien y al final el viaje incluso fue „su mejor tiempo “. Luego de todos esos años finalmente puede festejar el día del perdón, Yom Kippur, con los otros judíos alemanes – libre de preocupación.. „Eso fue muy lindo“ dice y sus ojos casi parecen felices.

„No había gas, no había luz, no había nada“

En la Argentina donde de aquí en adelante vive con su familia en el campo, ese corto tiempo de la vida despreocupada pronto pertenece al pasado. Ella recuerda qué duras eran las condiciones de vida para todos. „No había gas, no había luz, no había nada“. La sombrerera desde ahora tiene que ordeñar a las vacas y luchar contra las langostas. Pero nuevamente se somete a su destino y se acostumbra a la nueva vida. Luego su marido se enferma y va a Buenos Aires porque la vida en el campo le hace daño. Un año más tarde Eva Lewin también va allí con los hijos. Para ella está bien. Pero tampoco en Buenos Aires se siente realmente cómoda.
„Creo que hoy ya soy argentina, pero solo oficialmente. De corazón, no“. De corazón es judía, nada más.

Aquí en San Miguel me siento más que nunca como perteneciente

Recién en el Hogar Adolfo Hirsch, este pequeño pedazo de tierra, como lo llama ella, llegó a conocer verdaderamente la vida judía. „Eso me hace bien. Aquí en San Miguel me siento más que nunca como perteneciente. Este en un buen lugar, un bello lugar.“ No asoma de repente algo semejante a satisfacción?. „Si, es realmente lindo aquí“ Lo único que añora aquí es a sus hijos. „Trabajan mucho y por eso me pueden venir a visitar muy pocas veces.“

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