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EDITH SICHEL

«¿Conoce la Carolinenstrasse (calle Carolinen)? ¿La escuela Carolinenstrasse? Ahí fuimos a la escuela.» De eso Edith Sichel se acuerda exactamente.»Era una linda escuela, muy linda». Una escuela judía. Vuelve a verse a sí misma y a sus dos hermanas en el tren suburbano que tenían que tomar todas las mañanas. Hasselbrook era su estación. «Cuando cierro los ojos me puedo acordar. Sé exactamente como íbamos.»

© Tim Hoppe

© Tim Hoppe

Edith Brauer nace el 12 de Octubre de 1927 en Sao Paulo. A los dos años y medio la familia vuelve a Hamburgo, de vuelta a lo de los abuelos. Su padre trabaja en una gran tienda en la Mönckebergstrasse (calle Mönckeberg). «Se llamaba Karstadt. No sé si todavía existe». Y le da lo mismo. Alemania y el pasado, todo eso es muy lejano. Para ella es mucho más importante que haya podido venir a San Miguel después de la muerte de su marido hace más de dos años. Transcribió su casa a la AFI y a cambio de ello ahora vive aquí.

Junto a su hija adulta. «Yo pertenezco a las mujeres jóvenes y mi hija es un bebé aquí. Recién tiene 39 años.» De niña tuvo meningitis. Por eso no puede hablar bien, «pero todos aquí la quieren. Todos son muy muy buenos con ella.»
Eso tranquiliza mucho a la señora de 77 años porque un buen día tampoco ella va a estar. ¿Y quién se ocuparía de Trixi? Pero Edith Sichel vive en el ahora. «Aquí tengo una linda habitación y una vida libre de preocupaciones .» Eso no fue siempre así.

«Con ellos no jueguen más, son judíos.»

Desde 1929 vive junto a sus padres, sus dos hermanas y un hermano en la calle Grieß 11 en el barrio Hamm de Hamburgo. Edith y sus hermanos juegan todas las veces que pueden con los niños vecinos en la calle. Un día los vecinos dicen, «Con ellos no jueguen más, son judíos.» «Bueno» dice. de allí en adelante jugábamos solamente en casa.» La tienda de Karstadt despidió al padre poco después que los nacionalsocialistas subieran al mando. «Le dijeron que lo sentían muchísimo, pero que no les permitían más emplear a judíos.» Ahora la madre tiene que ir a trabajar. Se ocupa de las casas de otras personas, lava, plancha. «¡Tenía que alimentar a cuatro niños, no!» Y el padre se queda en la casa. Edith Sichel recuerda cómo le peinaba el pelo a la hermana y le hacía las trenzas, «porque mi madre tenía que ir a trabajar.» Le hacía las trenzas tan tensas que se quedaban paradas. Recuerdos de la infancia. Según sus recuerdos un día viene a visitarles un hombre para advertirles: «¡Váyanse! Pero por Dios no digan que yo se los dije, pero váyanse de Alemania porque va a ser muy difícil para Ustedes los judíos.» Así o en forma similar tiene que haberlo dicho. Los padres de Edith Sichel toman esta advertencia en serio y enseguida preparan los documentos. «Sin este hombre seguro que nos hubiéramos quedado.»

Edith Sichel tiene diez años cuando el padre viaja por adelantado, para arreglar todo in situ. Pero esta vez la meta no es Brasil sino Argentina. La madre tiene que mantener a cuatro niños completamente sola durante once meses enteros. «Pobre,» dice la hija y cuenta que sin embargo siempre tenía un poco de dinero de sobra para los niños para que pudieran alguna vez ir al cine a ver una película.

Los niños añoran el cine y la música

En enero de 1938 finalmente llega el momento. La familia pisa suelo argentino en el puerto de Buenos Aires. El padre espera en el muelle y lleva a su familia a la colonia judía de Moisesville. Con la ayuda de la Jewish Colonization Association (JCA) había preparado todo. En el campo, según dicen, no les va a faltar nada. La JCA les presta todo lo que necesitan para vivir. También vacas, caballos, gallinas. Pero la vida es dura para los padres, porque solo estaban acostumbrados a una vida en la ciudad, según Edith Sichel. También los niños añoran el cine y la música.. Cuando ya no son tan niños quieren bailar y divertirse. Y así es que el padre va al administrador y le dice, «Oiga. Mis hijos quieren divertirse. Quiero comprar una radio.» Edith ríe porque para comprar una radio tuvo que vender dos vacas. «Esa era la única diversión que teníamos.» Pero poco después Edith y sus hermanos ya no quieren vivir en el campo. Se van a Buenos Aires. Edith trabaja cuatro años en una casa y ocho años en una fábrica. Cuando también los padres les siguen, compran un departamento para la familia y abren un negocio con bombones, dulces de calidad, todo en envases de vidrio, nada suelto. «Mi hermana y yo entonces manejamos el negocio. Eso era muy muy lindo.» Luego las hermanas se casan al mismo día y se despiden del negocio. Edith Sichel crea una familia. La vida normal toma su curso.

Nunca más estuvo en Alemania

Edith Sichel se siente más argentina que alemana. Y aquí está en su casa. Nunca más estuvo en Alemania. Solo a través de relatos se entera de cómo Hamburgo es ahora. «Mis hermanos fueron allí. Una linda ciudad, según dicen. Grandes emociones.» La escuela en la Carolinenstrasse hace mucho que ya no es una escuela judía. Edith Sichel sabe eso. Hace poco leyó un libro sobre la escuela, «sobre todos aquellos que perecieron. Muchas compañeras mías y de mi hermana. ¡Terrible!» No, nunca más estuvo en Alemania. A lo mejor quiere evitar esas emociones.

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