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EDITH BRAUN

Edith Braun tiene muy pocos recuerdos del tiempo antes de su emigración. „Lamentablemente y gracias a Dios“, dice hoy. Lamentablemente, porque posiblemente podría entender toda esa historia mejor, y gracias a Dios porque en realidad no quiere acordarse. Dice que es como si los recuerdos se hayan evaporado. Está segura que eso tiene razones psíquicas. Solo le quedan algunos tristes recuerdos aislados. Por ejemplo, que su mejor amiga un buen día ya no quería jugar más con ella. O que a ella y a su hermano mayor Hans que le llevaba dos años, les „molestaban“, como ella lo nombra, en el colegio y en la cancha de deportes. ¿Qué quiere decir con esa palabra? No puede y no quiere entrar en detalles. Pero deben haber sido experiencias muy malas y continuas para que los padres hubieran decidido emigrar ante todo por eso.

© Tim Hoppe

© Tim Hoppe

Por favor, sáquennos de aquí

Edith Rosa Ruth Marx nace el 18 de febrero de 1926 en la ciudad de Landau en el Palatinado. Cuando los Nazis toman el poder, ella es demasiado pequeña como para comprender todo eso. La familia quiere irse de Alemania. Eso sí lo entiende. Un tío, que desde 1926 vive en la Argentina, les manda una llamada. También pide llamadas para los abuelos, pero ellos no quieren abandonar Alemania. „¿Quien nos va a hacer algo?“ se preguntaban en ese entonces, según se acuerda hoy la nieta con 79 años. Cuando los abuelos más tarde les imploran en sus cartas „por favor, por favor, sáquennos de aquí“, la pequeña Edith tiene que haber entendido la gravedad de la situación. Hasta ese momento la emigración y sobre todo el viaje en el barco „Lamadrid“ con el que parten desde Hamburgo, para Edith y su hermano fue una aventura, según lo que describe ella. Hoy sabe, que para sus padres fue una dura despedida.

Para la entonces quinceañera es un paso difícil

Pero también el comienzo de una nueva vida no es fácil para la familia Marx. Al principio viven en lo del tío. Este gana bien y los apoya. Pero ellos no quieren vivir permanentemente en su dependencia. Y así el padre empieza a trabajar. Comienza como comerciante de carbón, madera y vino. Cuando su socio lo estafa tiene que volver a comenzar. La familia se muda al sur del país. Para Edith y su hermano significa que tienen que ir a vivir en Buenos Aires solos, porque solo allí pueden estudiar y trabajar. Para Edith, con sus 15 años es un paso difícil. Aunque se va con su hermano, significa que de allí en adelante tiene que quedarse sin sus queridos padres. Cuenta que hasta ese momento siempre fue una niña salvaje y alegre. Pero ahora se encierra cada vez más.

„Fue muy duro, pero éramos libres“

Edith trabaja en el hogar infantil de la Asociación Filantrópica Israelita (AFI), primero como asistente y luego como maestra del jardín. „Tener quince años entonces no era lo mismo que tener quince años hoy“, dice con una expresión muy seria. También a los padres les costó mucho dejar que los hijos se vayan. „Fue muy duro, pero éramos libres“. Esto era lo principal y eso hoy lo ve más claro que nunca.

No pudieron conseguir que los abuelos también vinieran. Ellos fueron deportados a un campo francés. De allí solo la abuela sobrevive y cuando termina la guerra ella se fue a vivir con una de sus hijas a Palestina.

La vida continúa

La vida continúa y Edith se arregla. Añora a los padres, pero está contenta de tener trabajo. Durante seis años trabaja como maestra del jardín en la AFI. Hoy, más de medio siglo más tarde ya no se ocupa de los pequeños. En cambio pasa un día por semana como voluntaria en „el mejor hogar de ancianos de Buenos Aires“, según ella. Su trabajo le produce una gran alegría y aquí habla casi siempre alemán. Sus amigos y amigas son alemanes judíos y se casó con un alemán judío. Pero no se siente como alemana. „He ido a Alemania y me gustó mucho pero sin embargo, esto aquí es mi vida.“ Hoy se siente argentina . Tiene una buena relación con Alemania, dice. Visitó su ciudad natal tres veces y conoció a gente muy agradable. Hasta se encontró con sus compañeras de clase, pero „no me acordé de ninguna. A la única que reconocí fue mi mejor amiga de entonces. Fue muy emocionante“ según recuerda ese encuentro.

Durante mucho tiempo trató de olvidar. Pero hoy se alegra del contacto con Landau, su ciudad natal y quizás poco a poco volverán los recuerdos.

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